Hoy Bolivia amaneció con un paro de transportistas en rechazo al Decreto 420 promulgado el 3 de febrero frente a los continuos accidentes a causa de choferes de flotas en estado ebriedad, que han ocasionado cientos de muertes durante años en este país. El Decreto busca endurecer las sanciones a los choferes, dueños y operadores de las flotas de transporte interprovincial, interdepartamental e internacional.
Sin comprender la indignación que los bolivianos han acumulado tantos años por la inseguridad en viajes interdepartamentales y muertes de amigos y familiares por un conductor imprudente y “borracho”, hoy la mayoría de los transportistas intensifican sus medidas para flexibilizar las sanciones establecidas en el Decreto.
Una medida que para la población boliviana es buena para los transportistas no lo es, demostrando que los valores etán invertidos. Antes de reclamar por las medidas impuestas, los transportistas deberían tomar conciencia de las pérdidas humanas que ha ocasionado este gremio en Bolivia y otorgar confianza a los pasajeros brindando un servicio seguro y de calidad.
La convivencia se torna mucho más pacífica cuando se toma en cuenta al “otro”, la intolerancia sólo nos lleva al egoísmo y a la destrucción. Requerimos un cambio estructural que parta desde el corazón, un corazón que busque hacer el bien en todo ámbito de la sociedad.






